El fin de la Historia
Mayo 1, 2008
No hicieron falta meteoritos, ni una mínima gota de fuego fue necesaria para terminar de ahogar la ciudad.
Córdoba no tuvo piedad en nimiedades. Las cosas se hicieron de otra forma.
Nadie salió corriendo a proteger a su hijo, a darle un último abrazo en medio del desastre. Las oficinas no se vaciaron, ningún comercio bajó las persianas. Toda la escenografía habitual de la ciudad siguió su mecánica en la comedia hasta que no hubo más tiempo ni aplausos. Acá, ningún falso profeta se animó siquiera a alucinar un presagio cercano para lo que iba a ser el destino de los últimos intentos de rehabilitación.
No estábamos preparados para asumir semejante derrota.
Anoche en el Centro tuve que ver como un grupo de chicas que volvían de algún boliche de Nueva Córdoba paraban un taxi y se burlaban del tipo. Una risa ausente de talento. Una risa construída mediocremente desde la mera superioridad numérica, desde la ventaja insignificante que daba la coyuntura. Las chicas usaban el lenguaje de los que nunca van a manejar toda la noche, nunca van a sostener los ojos a tragos compulsivos de tabaco, nunca, pero nunca, van a sentir hundirse la piel en el frío mientras atraviesan la ciudad en bici a las cuatro de la mañana para mantener una pieza derruida en alguno de los barrios difíciles. Usaban el lenguaje de los que nunca jamás van a tener que hacer un sacrificio para salir de pie. Eso duele.
La risa fácil duele. La falta de talento duele. La insensibilidad duele.
Esta ciudad perdió la clemencia.
Para morir, Córdoba decidió una suerte de violencia que en su apariencia invisible asumió la crueldad como placer terrible e inmanente. Las tratativas se hicieron en silencio. Esta ciudad perdió la decencia del grito. Esta ciudad se volvió silenciosamente asesina y cuando calló tatuó su praxis de una indecencia indeleble. Esta ciudad da miedo, esta ciudad está plagada de mentiras, de mentirosos, de emociones de plástico, de intenciones inútiles. Esta ciudad está llena de gente que esquiva la mano para salvar al perdedor.
Me gustaba ir los Sábados a la tarde al Cineclub, ver una película y después irme a caminar por la Cañada. Me gustaba la forma en que el exiguo arroyo rimaba con el frío que se me metía por las piernas. La Cañada podía ser, según el día, una de las formas de la tristeza o de la felicidad. Era una manera de sentirse acompañado los Sábados.
Me gustaba mucho esta ciudad.
Ahora Córdoba está muerta, recostada en un féretro opaco y es una desgracia verte así de inmóvil.
Sin nubes de polvo.
Ni siquiera una invasión extraterrestre, ni siquiera ese capricho se nos concedió para la muerte.
Me conmovió el último Abril ver la forma en que una nena de seis años se arrojaba a una pileta en la Zona Norte. Era un día bastante frío, el Otoño empezaba a hacer acto de presencia en la ciudad. Cuando vi el salto anacrónico de la chica, no pude esquivar una sonrisa tranquila. Un café y un pucho en medio del Infierno. Hay gente que sabe cómo se hace para apuntalar estaciones decrépitas. Una forma de la resistencia que se ata las piernas con los brazos y hace un garabato tenue en el aire, una curva cuya ligereza contradice la caída estrepitosa que sacudirá el agua en uno dos segundos, destruyendo un boceto del Otoño para el año que viene.
Córdoba solía ser así. Una excepción de eternos seis años.
Códigos
Febrero 29, 2008
Vos lo conocés y sabés que el Chirilo es así nomás, bien pulenta. Un tipazo.
Yo desde pendejo que me junto con él. Mi viejo y el viejo de él jugaban juntos al fútbol. Cuando iban a jugar siempre nos llevaban y nosotros rajábamos por ahí, a boludear. Agarrábamos la pelota que llevaba el Chirilo y nos hacíamos un arco con un par de piedras y ahí nomás se armaba el torneíto de penales. Ya de pendejo la rompía el Chirilo, me acuerdo que siempre me cagaba a goles.
Después fuimos al mismo cole y ahí también vivíamos juntos. Me acuerdo que las viejas no querían que nos sentemos al lado porque nos hartábamos de echar moco. Y mirá que al Chirilo le iba de diez en el cole. Siempre fue un guaso inteligente, no como yo que viste que a mí vos me querés explicar matemáticas y yo me puedo partir el cráneo pero no te entiendo nada. El Chirilo no, era bien capo, si fue abanderado y todo. Pero se mandaba sus mocos, igual, como todo el mundo. Me acuerdo cuando hicimos bosta el vidrio de la puerta esa, no se si te acordás, la grandota esa que daba al patio. Estábamos jugando un picadito afuera, en el recreo, y yo la mandé a la mierda a la pelota y chau el vidrio, ni un pedacito se salvó. Yo ese año venía como el culo y el Chirilo sabía que si volvía con una historia así a casa mi viejo me cagaba a palos. Entonces resulta que cae una de las viejas y pregunta que qué había pasado, y ya se le notaba la calentura a la mina. Es más, debe haber sido la que daba matemáticas, que era bien ortiba me acuerdo. Bueno, cae la vieja y ¿qué hace el Chirilo?. Me mira a los ojos como avisándome que me haga el boludo y dice que había sido él, que estaba jugando solo, haciendo jueguitos y se le fue la pelota y rompió el vidrio. Así que te imaginás la cagada a pedo que se ligó el Chirilo, sólito se la bancó, para hacerme la gamba nomás. Un maestro.
Y ahí éramos pendejos y capaz que uno no se daba cuenta, pero yo ahora me acuerdo de cuando hizo eso y me parece re groso, en serio, me emociono. Si todavía no me puedo olvidar de la cara que me hizo el Chirilo antes de ir a poner la jeta por mí con la vieja.
Esas cosas te tiran la punta de cómo es el Chirilo de pulenta el guaso.
A la secundaria también fuimos juntos. Al mismo curso, también. Ahí ya todo el mundo sabía que éramos como hermanos. Y no fuera a ser que alguien se hacía el vivo con uno de los dos porque el otro iba y lo recagaba a trompadas. Si nos habremos tenido que cagar a piñas en la secundaria con el Chirilo. En realidad, casi siempre era yo el que armaba lío con algún pibe, no sé, en la secundaria es así, te vivís peleando por boludeces. Y el Chirilo iba y se trenzaba con los tipos que tenían quilombo conmigo. Vos viste que el Chirilo siempre fue medio petiso, pero no sabés como se la aguantaba para la gresca el hijo de puta. Otra vez, sí, me acuerdo que el otario del Francisco lo anduvo bardeando y yo me saqué. Me puse como loco. La cagada que le metí al boludo ese casi que lo tienen que llevar al hospital. Y es que con el Chirilo nos cuidábamos entre los dos, siempre. Si somos como hermanos.
Por esa época también es cuando te empiezan a pintar las minas. Vos sabés que yo para chamuyar siempre fui de madera. Como que nunca sé de qué carajo hablarles a las minas. El que siempre la tuvo re clara para eso fue el Chirilo. Las mataba con la labia, viste esos tipos que las hacen divertir, las sacaba a bailar, siempre bailó bien él, las hacía cagar de risa, y eso a las minas les encanta. Y encima con el fachón que carga el Chirilo, para qué. En el cole todas andaban atrás de él. Y hasta con eso se portaba conmigo. Yo te digo, si a mí me han dado bola, fue gracias a él. En las fiestas buscábamos un par que anden medio de cara y el iba y les hacía todo el verso, no te hacía falta decir nada que el te conseguía un hueso. Un groso. Porque lo que es yo, si no fuera por él, me muero virgen, en serio, si no me dan ni la hora las minas a mí.
Por eso cuando me empezó a gustar la Mariana al primero que le conté fue a él. Él la conoce, viste, son como amigos. Y a mi me entró a comer el bocho mal la Mariana. No había hablado nunca con ella pero igual cada vez me movía más el piso. Así que le conté al Chirilo y él me dijo que me iba a hacer gancho, que le iba a hablar de mí. y que me quede tranquilo. Y yo no sé qué sanatas le iba a tirar el Chirilo, pero yo me quedé tranqui, porque las convence, no se cómo hace.
Y yo veía que el Chirilo la iba charlando a la loca, porque últimamente andaban seguido juntos. Entonces yo me quedaba piola, viste, aparte el venía y me decía que ya estaba habiendo una onda con la mina, que por ahí si había alguna fiesta, si la cruzábamos en alguna caravana, la tenía conmigo de una. Mortal, le decía yo al Chirilo, sos un capo.
Hasta que nos la cruzamos. Anoche. Habíamos salido Yo, el Chirilo y el Gordo Pacho. Estábamos en un boliche de Nueva Córdoba cuando cayó la Mariana con las amigas. No sabés lo que estaba la Mariana. Un infierno. Mira que siempre está buena, pero anoche te juro que partía la tierra. Se había puesto una mini que no sabés las gambas que pelaba, y encima bien apretadita, así que le marcaba bien la forma del culo. Y el culo de la Mariana, eso si que es una obra de arte, loco. Y una remerita que parecía hecha pura y excusivamente para las tetas de la Mariana, no sabés lo que era. La veías y te morías. Seco quedabas. Y apenas entró ni hizo falta que le diga nada que el Chirilo viene y me dice que hoy era el día, que banque que el iba y charlaba un rato con la mina para terminar de cocinarla, que esa noche iba a estar todo liso. Yo le dije que no había drama, que vaya, que yo mientras me escabiaba algo con el Gordo. Y fue el Chirilo nomás y yo me compré un fernet y nos clavamos con el Gordo en la barra.
No se cuanto tiempo habrá pasado, viste como soy yo que chupo un toque y ya no entiendo nada. Lo que si sé es que compramos varios escabios más con el Gordo y mientras, cada tanto, lo veíamos al Chirilo que la charlaba y la charlaba a la Mariana. No te la voy a caretear que yo estaba más ansioso que la mierda, pero lo aguantaba al Chirilo, si el que la tiene clara es él. Y nos fuimos poniendo en pedo con el Gordo, yo ya casi no podía ni hablar. Ya hasta ver me costaba así que lo entré a buscar al Chirilo para ver qué había pintado con la mina.
Me puse a yirar por el boliche buscándolo, no se cuantas vueltas habré dado hasta que lo encontré. No se cuanto tiempo lo busqué hasta que lo ví embrollando a pleno con la Mariana al cagador hijo de remil puta. Se estaban matando, el Chirilo le metía la mano en el orto y la mina también lo franeleaba sin asco.
Entonces es que fui y lo encaré y le até un puñete en seco a la jeta, derechito en el naso. Por hijo de puta se ligó un cagadón. Y decile al enano de mierda ese del Chirilo que no lo quiero ver más, que ni aparezca por el barrio, porque si lo cruzo lo vuelvo a recagar a trompadas.
Fronteras
Febrero 26, 2008
Estamos sentados a cincuenta centímetros de distancia y yo no encuentro la forma de poder darle un beso.
Ella habla de un mundo que desconozco y yo distraigo mi única posibilidad de reacción en proyectar dicha reacción. Mi silencio aturde cuando se va de nuevo y su voz consigue otra parte del relato. Mientras, no hago otra cosa que pensar en pedirle que cambie la música. Mis reflejos caen a pedazos sobre la idea estúpida de que otra canción puede ser el pasaje para volar a un país que queda a cincuenta centímetros y diecinueve años de distancia de mi nariz. En ese derrumbe intermitente mi razón es una puta que no hizo bien la tarea y ahora sabe demasiado de historia de la música y demasiado poco de la historia que hay que escribir para desmayarse sobre sus palabras. Toda la habitación es un laberinto de tres vértices situados sobre su silla, la mía y el volumen casi invisible al que escuchamos Radiohead.
Todo el tiempo, mi cuerpo inerte debate consideraciones geopolíticas para llegar a tu boca.
La ficción es una cosa que tiene que ver con la posibilidad de un despegue para pasar de las canciones de Radiohead a la meticulosidad necesaria si se quiere acceder al detalle de tus rasgos. El lamento de Thom Yorke cose el aire y mastica diabólicamente mis probabilidades escasas de lucidez. Hay canciones que me hacen llorar es algo en lo que no hay que pensar para poder planear un regreso a tu diálogo. Mi concentración queda en otro país por el que no me enseñaron a ir de paso mientras busco la ruta hasta tus ojos. Una autopista de cincuenta centímetros y estoy preguntándole al tipo equivocado para que lado hay que doblar si quiero viajar por ella. Entonces, te quedás mirando cómo suavemente mi presencia va perdiendo peso en una ciudad que deja la vida entre tus dedos. Ya somos casi un pueblo fantasma que intento sostener ayudado por una acústica tenue que late más fuerte que mis piernas temblorosas.
Cuando termine de desaparecer voy a engañarme creyendo que no me quedaba otra.
Las dos caras de la moneda
Febrero 26, 2008
Ésto es de mi amigo el Pini. Podemos estar más en desacuerdo que Gandhi con Van Damme, pero mi amigo escribe a balazos de humor.
sweney tood
Les dije chicos… es un musical, y es de burton… no la veamos. Afortunadamente la internet hace que todo lo sea gratis… excepto mi tiempo, y como dice el dicho, “el tiempo es un mani”.
Tim… la verdad que das asco. Me extraña que despues de tantos años no hayas aprendido nada. “Parece el joven manos de tijera” dijo jandro. Y si… todas tus peliculas son iguales! pero ya me cansaste asi que te voy a dar un par de consejos que espero te sean utiles.
Primero y principal, lo gotico ya fue! aburre loko, cansaste ya! Esta peli es una obra maestra en lo que es oscuridad, pero por favor no hagas otra mas. Ya estubo bien.
El peor error que cometiste, es que hay sangre, y mucha, sin haber una pelea. Clase 1 de hollywood. Si no hay pelea, la sangre no tiene sentido. Ver como le cortas el cuello a un chabon, a la segunda vez quita el espanto, y a la 3ra da gracia. Lo hiciste 8 veces en la misma pelicula tim. La sangre tiene 3 motivos basicos: Una pelea, un disparo, o tirarse de un auto para bajar un elicoptero.
Segundo error. El protagonista muere, pero.. ¿porque?. No puedo entender… el protagonista de una pelicula no se muere a menos que sea por 2 causas: “Salvar al mundo” o “Salvar a los EEUU”. En este caso es una muerte sin sentido, que nada le aporta a nada.
Finales eran los de antes! Will smith encontrando la cura para la enfermedad que mato al 97% de la poblacion e inmolandose para protegerla. Musica de Bob Marley. Llanto.
Ni hablar del siempre bien recordado John Mc Clane, que se dispara en su propia herida de bala para que esta lo atraviese y le de al enemigo. Eso es patriotismo carajo!
En fin. No hubo explociones, sangre al pedo, un final de mierda, y no vi la bandera de los EEUU. Que pelicula del orto!
Terrorista: “Y en tu tumba va a decir: Siempre en el lugar equivocado, en el momento equivocado”
John Mc Clane: “Que tal…yippie kai yay Mother focker!!!”
Bang bang!!!
Experimento Químico-Létrico
Febrero 21, 2008
Discurso
Verás, no hay una ciencia exacta.
¿Cómo explicarías, de lo contrario, la manía de persecución en los Tigres del Sótano que nos mordían las suelas al volver anoche de la Sabana?. Toda una historia de la paranoia acompañó el borroneo que de las calles de Rhan hicieron mis pasos.
A mi también me conmovían ciertas formas del terror, me sentía más vivo.
Pero me estoy poniendo viejo, vas a tener que acostumbrarte.
Creo que fue la noche del Eclipse. Esa noche viste mis canas por primera vez y a partir de ahí todo fue un decrescendo de una desorientación casi te diría dodecafónica. No te echo la culpa, yo me distraje investigando aquella fauna imaginaria mientras se acercaba el momento de la caída.
Para vos habrá formas más transitables del vértigo. Una noche a orillas del Río Gleh, vas a aprender el método con el cual mirar al Lobo de una vez por todas a los ojos y de decirle Lobo Chiquito, nunca me vas a dar miedo. De ahí en adelante vas a ser tan inteligente como imbécil, autodefinirte es igual a tomar siempre el mismo camino para visitar a Hglem. Es tan miserable decidir que te gusta algo y no lo otro, es tan horriblemente humano clasificar. Lo entenderás una tarde, pero seguirás buscando y ya no tendrás cómo encontrar nada.
Y un día despertarte con el gusto a mugre y tabaco golpeándote las entrañas.
Desvanecerse de a poco termina siendo así: uno se aburre de decir siempre las mismas cosas. Entonces es mejor irse, dame esa mano.
Ya escucho los aullidos, los Tigres vienen de nuevo. A veces hay que desmarcarse para conquistar un país.