Discurso

Verás, no hay una ciencia exacta.

¿Cómo explicarías, de lo contrario, la manía de persecución en los Tigres del Sótano que nos mordían las suelas al volver anoche de la Sabana?. Toda una historia de la paranoia acompañó el borroneo que de las calles de Rhan hicieron mis pasos.

A mi también me conmovían ciertas formas del terror, me sentía más vivo.

Pero me estoy poniendo viejo, vas a tener que acostumbrarte.

Creo que fue la noche del Eclipse. Esa noche viste mis canas por primera vez y a partir de ahí todo fue un decrescendo de una desorientación casi te diría dodecafónica. No te echo la culpa, yo me distraje investigando aquella fauna imaginaria mientras se acercaba el momento de la caída.

Para vos habrá formas más transitables del vértigo. Una noche a orillas del Río Gleh, vas a aprender el método con el cual mirar al Lobo de una vez por todas a los ojos y de decirle Lobo Chiquito, nunca me vas a dar miedo. De ahí en adelante vas a ser tan inteligente como imbécil, autodefinirte es igual a tomar siempre el mismo camino para visitar a Hglem. Es tan miserable decidir que te gusta algo y no lo otro, es tan horriblemente humano clasificar. Lo entenderás una tarde, pero seguirás buscando y ya no tendrás cómo encontrar nada.

Y un día despertarte con el gusto a mugre y tabaco golpeándote las entrañas.

Desvanecerse de a poco termina siendo así: uno se aburre de decir siempre las mismas cosas. Entonces es mejor irse, dame esa mano.

Ya escucho los aullidos, los Tigres vienen de nuevo. A veces hay que desmarcarse para conquistar un país.