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Febrero 29, 2008

Vos lo conocés y sabés que el Chirilo es así nomás, bien pulenta. Un tipazo.

Yo desde pendejo que me junto con él. Mi viejo y el viejo de él jugaban juntos al fútbol. Cuando iban a jugar siempre nos llevaban y nosotros rajábamos por ahí, a boludear. Agarrábamos la pelota que llevaba el Chirilo y nos hacíamos un arco con un par de piedras y ahí nomás se armaba el torneíto de penales. Ya de pendejo la rompía el Chirilo, me acuerdo que siempre me cagaba a goles.

Después fuimos al mismo cole y ahí también vivíamos juntos. Me acuerdo que las viejas no querían que nos sentemos al lado porque nos hartábamos de echar moco. Y mirá que al Chirilo le iba de diez en el cole. Siempre fue un guaso inteligente, no como yo que viste que a mí vos me querés explicar matemáticas y yo me puedo partir el cráneo pero no te entiendo nada. El Chirilo no, era bien capo, si fue abanderado y todo. Pero se mandaba sus mocos, igual, como todo el mundo. Me acuerdo cuando hicimos bosta el vidrio de la puerta esa, no se si te acordás, la grandota esa que daba al patio. Estábamos jugando un picadito afuera, en el recreo, y yo la mandé a la mierda a la pelota y chau el vidrio, ni un pedacito se salvó. Yo ese año venía como el culo y el Chirilo sabía que si volvía con una historia así a casa mi viejo me cagaba a palos. Entonces resulta que cae una de las viejas y pregunta que qué había pasado, y ya se le notaba la calentura a la mina. Es más, debe haber sido la que daba matemáticas, que era bien ortiba me acuerdo. Bueno, cae la vieja y ¿qué hace el Chirilo?. Me mira a los ojos como avisándome que me haga el boludo y dice que había sido él, que estaba jugando solo, haciendo jueguitos y se le fue la pelota y rompió el vidrio. Así que te imaginás la cagada a pedo que se ligó el Chirilo, sólito se la bancó, para hacerme la gamba nomás. Un maestro.

Y ahí éramos pendejos y capaz que uno no se daba cuenta, pero yo ahora me acuerdo de cuando hizo eso y me parece re groso, en serio, me emociono. Si todavía no me puedo olvidar de la cara que me hizo el Chirilo antes de ir a poner la jeta por mí con la vieja.

Esas cosas te tiran la punta de cómo es el Chirilo de pulenta el guaso.

A la secundaria también fuimos juntos. Al mismo curso, también. Ahí ya todo el mundo sabía que éramos como hermanos. Y no fuera a ser que alguien se hacía el vivo con uno de los dos porque el otro iba y lo recagaba a trompadas. Si nos habremos tenido que cagar a piñas en la secundaria con el Chirilo. En realidad, casi siempre era yo el que armaba lío con algún pibe, no sé, en la secundaria es así, te vivís peleando por boludeces. Y el Chirilo iba y se trenzaba con los tipos que tenían quilombo conmigo. Vos viste que el Chirilo siempre fue medio petiso, pero no sabés como se la aguantaba para la gresca el hijo de puta. Otra vez, sí, me acuerdo que el otario del Francisco lo anduvo bardeando y yo me saqué. Me puse como loco. La cagada que le metí al boludo ese casi que lo tienen que llevar al hospital. Y es que con el Chirilo nos cuidábamos entre los dos, siempre. Si somos como hermanos.

Por esa época también es cuando te empiezan a pintar las minas. Vos sabés que yo para chamuyar siempre fui de madera. Como que nunca sé de qué carajo hablarles a las minas. El que siempre la tuvo re clara para eso fue el Chirilo. Las mataba con la labia, viste esos tipos que las hacen divertir, las sacaba a bailar, siempre bailó bien él, las hacía cagar de risa, y eso a las minas les encanta. Y encima con el fachón que carga el Chirilo, para qué. En el cole todas andaban atrás de él. Y hasta con eso se portaba conmigo. Yo te digo, si a mí me han dado bola, fue gracias a él. En las fiestas buscábamos un par que anden medio de cara y el iba y les hacía todo el verso, no te hacía falta decir nada que el te conseguía un hueso. Un groso. Porque lo que es yo, si no fuera por él, me muero virgen, en serio, si no me dan ni la hora las minas a mí.

Por eso cuando me empezó a gustar la Mariana al primero que le conté fue a él. Él la conoce, viste, son como amigos. Y a mi me entró a comer el bocho mal la Mariana. No había hablado nunca con ella pero igual cada vez me movía más el piso. Así que le conté al Chirilo y él me dijo que me iba a hacer gancho, que le iba a hablar de mí. y que me quede tranquilo. Y yo no sé qué sanatas le iba a tirar el Chirilo, pero yo me quedé tranqui, porque las convence, no se cómo hace.

Y yo veía que el Chirilo la iba charlando a la loca, porque últimamente andaban seguido juntos. Entonces yo me quedaba piola, viste, aparte el venía y me decía que ya estaba habiendo una onda con la mina, que por ahí si había alguna fiesta, si la cruzábamos en alguna caravana, la tenía conmigo de una. Mortal, le decía yo al Chirilo, sos un capo.

Hasta que nos la cruzamos. Anoche. Habíamos salido Yo, el Chirilo y el Gordo Pacho. Estábamos en un boliche de Nueva Córdoba cuando cayó la Mariana con las amigas. No sabés lo que estaba la Mariana. Un infierno. Mira que siempre está buena, pero anoche te juro que partía la tierra. Se había puesto una mini que no sabés las gambas que pelaba, y encima bien apretadita, así que le marcaba bien la forma del culo. Y el culo de la Mariana, eso si que es una obra de arte, loco. Y una remerita que parecía hecha pura y excusivamente para las tetas de la Mariana, no sabés lo que era. La veías y te morías. Seco quedabas. Y apenas entró ni hizo falta que le diga nada que el Chirilo viene y me dice que hoy era el día, que banque que el iba y charlaba un rato con la mina para terminar de cocinarla, que esa noche iba a estar todo liso. Yo le dije que no había drama, que vaya, que yo mientras me escabiaba algo con el Gordo. Y fue el Chirilo nomás y yo me compré un fernet y nos clavamos con el Gordo en la barra.

No se cuanto tiempo habrá pasado, viste como soy yo que chupo un toque y ya no entiendo nada. Lo que si sé es que compramos varios escabios más con el Gordo y mientras, cada tanto, lo veíamos al Chirilo que la charlaba y la charlaba a la Mariana. No te la voy a caretear que yo estaba más ansioso que la mierda, pero lo aguantaba al Chirilo, si el que la tiene clara es él. Y nos fuimos poniendo en pedo con el Gordo, yo ya casi no podía ni hablar. Ya hasta ver me costaba así que lo entré a buscar al Chirilo para ver qué había pintado con la mina.

Me puse a yirar por el boliche buscándolo, no se cuantas vueltas habré dado hasta que lo encontré. No se cuanto tiempo lo busqué hasta que lo ví embrollando a pleno con la Mariana al cagador hijo de remil puta. Se estaban matando, el Chirilo le metía la mano en el orto y la mina también lo franeleaba sin asco.

Entonces es que fui y lo encaré y le até un puñete en seco a la jeta, derechito en el naso. Por hijo de puta se ligó un cagadón. Y decile al enano de mierda ese del Chirilo que no lo quiero ver más, que ni aparezca por el barrio, porque si lo cruzo lo vuelvo a recagar a trompadas.